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20100131

Aión: Segundo Capítulo.



Capítulo 2.
La lluvia.


La lluvia puede ser buena o mala, dependiendo como y en qué momento desee intervenir. Sin embargo, la lluvia nos alcanza y nos llena de su fresca elegancia, nadie tiene la oportunidad de salvarse. Ni de sus maldiciones, ni de sus bendiciones.

Ya era la mañana del dieciséis de mayo y la lluvia no había dado descanso a nadie en Dunster. Los hermanos Rennart al ver por la ventana tomaron la decisión de alquilar un coche y así poder llegar a la academia, ya que con esa lluvia les sería imposible acudir a pie. Por suerte para ellos el primer día, aunque fuera “de clases”, no se dictaban clases, ya que como acudían chicos de todo el país, lo primero era llegar y acomodarse cada quien en sus alcobas y a su vez, conocer el lugar para que aquellos que llegaban por primera vez.
Tomaron sus pertenencias y se dirigieron a la entrada del hotel, que a pesar de lo antiguo, tenía un encargado muy amable al cual los chicos le pidieron que les encargara un coche. Este llego rápidamente y a paso apresurado cargaron las maletas en el baúl y emprendieron viaje. No era mucha la distancia del hotel a la academia, pero les daría la oportunidad de observar un poco más el pueblo.
En su camino identificaron un almacén, una tienda de recuerdos, una tienda de dulces y lo que parecía un pequeño museo, hasta que en un momento solo pudieron ver arboles bordeando un camino sinuoso a través de un bosque.
Avanzaron lentamente por el pequeño camino de asfalto, hecho con la precisión exacta para que un auto fuera hacia la academia y otro pudiera volver. Al principio parecía una ruta de eterna longitud, hasta que pronto el camino se abrió un poco y lograron divisar las torres del castillo para luego ya verlo con claridad.
Tal y como sus abuelos les habían contado el castillo parecía de una gran antigüedad y a su vez parecía que era enorme, igual que aquellos que se describen en los cuentos de hadas. No parecía estar demasiado fortificado ya que contaba con apenas un muro bajo de ladrillos grisáceos gastados por el pasar de los años. Tampoco contaba con torres de vigilancia junto al muro, apenas tenía un puesto de vigilancia en la entrada junto a la puerta, la cual parecía de una madera muy resistente y gruesa. Desde lejos no parecía una puerta muy grande, pero al acercarse, descubrieron que era enorme. Cuando finalmente se detuvieron ante ella un guardia les pidió su apellido.
- Rennart, Jack y Jeanne Rennart – dijo Jack ante la pregunta del guardia.
- ¡Oh!, Al fin llegan, una delegada los está esperando en la puerta del castillo, favor de pasar chofer.
El guardia les dio lugar y el chofer volvió a arrancar pasando por la puerta que tan amablemente les habían abierto.
Ahora se encontraban en lo que parecía que había sido el patio de armas del castillo. Un camino estaba marcado y por el transitaban alumnos a pie, en bicicleta y se observaba a algún que otro coche. A todo esto, la lluvia había disminuido, a pesar que aun el cielo estaba gris y amenazante, solo lloviznaba.
Junto al camino y un poco alejado de el, había varias pequeñas casitas antiguas que eran tiendas para la comodidad de los alumnos: una librería, una tienda de variedades, un pequeño almacén y otras tiendas más que luego Jeanne estaba segura que se dedicaría a conocer.
Avanzaron una pequeña distancia que no habrá llevado más de cinco minutos y el coche se detuvo.
Frente a ellos se encontraba la puerta del edificio principal, llevaba un escudo de madera y metal sobre ella el cual rezaba “Yorkshire Advance Academy of Art”. Se dispusieron a bajar finalmente, así que le pagaron al chofer y tomaron sus pertenencias. Del lado derecho, de donde iba Jack, alguien abrió la puerta desde afuera y el chico bajó seguido de Jeanne que se arrastro por el asiento hasta llegar a apoyar su primer pie en el camino de piedra.
Una chica de largo cabello rubio con ojos miel les dio la bienvenida y le pidió a Jack sus datos los cuales escribía en una libreta a la vez que el chico le respondía.
Mientras tanto, Jeanne, tomo las maletas del baúl del coche y se apresuro a ponerse junto a su hermano a la espera de que la chica terminara, pero no perdió el tiempo y se dispuso a observar a los alumnos que rondaban por allí y se detuvo especialmente en observar los uniformes.
Las chicas llevaban una camisa blanca abotonada con cuello medio, ajustada al cuerpo más abajo de los codos y debajo del pecho, desde el comienzo de éste hasta la mitad del cuello, la tela cambiaba a una un poco más transparente y luego subía recta hasta un borde con puntillas muy delicadas. Por debajo de ellas y alrededor del cuello una cinta azul petróleo se veía unida en el centro por el escudo conteniendo en él el símbolo ancestral de la academia, debajo de este escudo continuaba la cinta que se dividía en dos marcando con una línea negra su final a la altura del cambio de telas en la camisa.
Sin embargo observo que otras chicas, que parecían más grandes, no tenían el mismo diseño de cinta. La línea negra que marcaba el final de esta en las chicas que había observado antes, ahora se encontraba en forma vertical marcando el contorno del largo. También observo que el escudo se encontraba en el botón de un moño del mismo color de la cinta.
A parte de eso, observo otro detalle en la manga derecha de la camisa. Llevaban líneas bordadas en la parte anterior a los codos. Algunas tenían más líneas y otras menos, algunas una sola y otras llegaban a tener cuatro. Las líneas eran azules pero algunas tenían una línea dorada o una línea roja por debajo de las demás.
Llevaban pollera corta y también azul petróleo, medias largas al tono que llegaban hasta el borde de la pollera y botas negras que llegaban a la rodilla concluían el uniforme de las chicas.
Por otro lado estaban los chicos, ellos llevaban camisa blanca simple y corbata azul petróleo. El escudo lo llevaban prendido al bolsillo que se encontraba en el pecho de la camisa del lado izquierdo. De algunos colgaban las dos cintas petróleo con las líneas negras al final y de otros con las líneas a lo largo del contorno, al igual que las chicas. Los detalles de las líneas en las mangas eran iguales a los anteriores. Para completar el uniforme, llevaban pantalón del color distintivo y zapatos formales negros.
Respecto a sus abrigos, tanto los pulóveres de las chicas como los chalecos de los chicos eran grises claros. Algunos llevaban largas túnicas del mismo color para protegerse aún más de la lluvia.
La chica que estaba frente a Jack tenía en su manga dos líneas azules y una dorada. Jeanne se acerco un poco más a su hermano y logro escuchar aquello que hablaban mientras intentaba deducir el porqué de la distinción dorada.
- ¿A qué año vas?
- Tercer año del secundario, orientación de Artes Antiguas. ¿Y vos…Hm, como era tu nombre?
- No te interesa… - Jeanne pudo observar que la chica rubia con apariencia de modelo de repente cambiaba su aparente rostro tierno por una mirada de agobio. - ¿Cómo es tu nombre y a qué año vas? – dijo ella mientras señalaba con su lapicera a la pelirroja.
- Jeanne Rennart…Creo que segundo año de Música, al menos así era en Chicago. – la chica que la escuchaba tomó nota y extendió su mano. – Un gusto, soy Rose York, delegada del segundo año de Música y encargada del recibimiento a los nuevos alumnos por parte del consejo estudiantil, espero que nos llevemos bien. – la chica sonrió y Jeanne tomo su mano. Acababa de develar el primer misterio que se le había presentado.
- Yo también lo espero realmente…
- Y yo igual – dijo Jack corriendo a su hermana y tomando la mano de Rose, pero ella instantáneamente la retiro. Rose se acerco un poco a Jeanne.
- Tu hermano no me cae bien… - le dijo en un murmullo a lo que la otra chica se rio. – Bien, los acompaño a recorrer la academia.
- Genial – dijo el chico.
- Un segundo, ¡espera Rose! – En ese momento un chico de pelo negro lacio y de picara mirada llegó corriendo por detrás de Jeanne y tomo la maleta que estaba en el suelo y la que Jeanne tenía en la mano. El llevaba también dos líneas en su camisa blanca pero no portaba ninguna otra distinción. – Déjame que yo acompañe a nuestro nuevo amigo a recorrer la academia y que lleve sus pertenencias dentro.
- No, no te preocupes, Rose me puede acompañar, ¿cierto? – dijo esperanzado Jack amagando a sacarle de la mano el bolso al chico.
- Seria mejor que Fred lo hiciera, yo no puedo entrar a la residencia de los chicos, el sí. – Rose sonrió ampliamente y saludo con un beso en cada cachete a Fred el cual se fue con el desilusionado Jack por la entrada principal.
Rose tomó delicadamente de la mano a Jeanne como si fuera una antigua dama aristócrata y la arrastro a paso apresurado por la entrada al edificio principal pasando por debajo de un descanso de dos escaleras que salían hacia los costados hasta llegar a una puerta que llevaba el cartel “Tramites e inscripciones”, Rose abrió la puerta, giró a sonreírle a su acompañante y entraron a un salón muy grande donde todo era de diseño antiguo, en madera y piedra, con pinturas de antiguos monarcas y cortinas de terciopelo azul muy fino. Allí muchos estudiantes andaban de puerta en puerta de las que parecían oficinas.
- Hey, vamos, ¿O piensas quedarte parada allí todo el día? – dijo Rose al notar que Jeanne se había quedado sorprendida mirando todo a su alrededor.
- No, ¡ya voy! – Jeanne dio un paso adelante y quiso llegar a paso apresurado a donde estaba Rose, pero en el intento y por estar hipnotizada con el lugar, se choco con un estudiante cayendo torpemente al suelo y golpeándose la espalda. Jeanne algo desconcertada se sobaba la espalda mientras intentaba sentarse hasta que miro con quien había chocado.
- Podrías mirar por donde caminas, ¿no te parece? – dijo molesto el chico que levantaba algunas partituras que se habían desparramado por el suelo en la caída.
- Lo siento… - Jeanne no supo que mas decir y comenzó a agarrar algunas hojas desde donde se encontraba. El chico dirigió la mirada a los ojos de la pelirroja la cual se ruborizo al notar como un par de ojos marrones miel la penetraban enojados. En un marco de pelo castaño claro, casi rubio, lacio, muy desordenado, tez clara y facciones aguerridas, quien debería parecer un caballero ingles parecía más un ogro de las montañas. - Igual tu…
- Tranquilo, no te vio, fue solo eso, te deberían de enseñar cómo tratar mejor a las damas. – Jeanne se sintió interrumpida y escucho la desconocida voz provenir de detrás de ella. Giró la mirada y se encontró con un chico muy alto, de delicadas facciones y cabello oscuro. Éste le tendió la mano a Jeanne y a ella solo se le vino a la mente la escena de los libros en que el príncipe invita a bailar a la princesa con todos los honores tendiéndole la mano delicadamente. Jeanne la tomo, se apresuro a levantarse del suelo y luego se acomodo el abrigo. Miro al chico que la había ayudado y aún algo hipnotizada se decidió a hablar pero Rose llego junto a ella.
- Gracias Nicholas, no sé qué haríamos sin alguien tan caballeroso como vos en esta academia, no como otros…-Rose giro la mirada al chico que acababa de terminar de levantar las partituras del suelo.
- Ya Rose, no molestes, estoy apurado. La próxima, Fox, no te metas donde nadie te llama. – el chico le quito las hojas a Jeanne de la mano y siguió camino hasta la puerta de salida a paso apresurado. La pelirroja observo con mala cara como aquel chico se iba, pero rápidamente volvió la mirada a quien parecía llamarse Nicholas.
- Muchas… - se dispuso a decir, pero Rose la tomo de la mano y la comenzó a arrastrar hacia una de las oficinas dejando atrás al chico lindo que se limito a sonreírle.
- Gracias Nick, ¡después nos vemos! Vamos, es porque aquí Jeanne, hay que apurarnos. – La rubia abrió la puerta que tenía ya frente a ella y se encontraron con una mujer de cabello corto y rulos que sonrió en cuanto vio a Rose.
- ¡Querida Señorita York! ¿En que la puedo ayudar?
- Deja las formalidades aquí, por favor. – dijo con cara de agobio la rubia.- Margaret, ella es nueva y tiene que llenar los formularios, necesita el uniforme y demás tramites de inicio. – le dijo. – Es Jeanne Rennart.
- ¡Oh!, ¡Rennart! ¿Hija del político William Watson, verdad? Bienvenida señorita a la Academia Yorkshire. Esperamos que se sienta a gusto aquí.
Jeanne se sintió incomoda y nerviosa a la vez al escuchar el nombre de su padre, parece que las noticias no habían llegado de forma tan masiva a Gran Bretaña como en Estados Unidos. Intento calmar su sistema nervioso un poco y le respondió.
- Si, pero él está de viaje. Gracias, yo también lo espero. – Jeanne sonrió amablemente y tomo unas hojas que la señora le dio para completar. No entendió del todo porque mintió en ese momento, pero tampoco quería retractarse.
- ¿Crees que puedas completar todo eso sola?, Yo necesito ir a verificar en que habitación te tocara quedarte. – le dijo Rose ahora preocupada.
- No hay problema, muchas gracias por tu ayuda. Eres muy amable.
- De nada, Jeanne, vuelvo enseguida – la chica rubia sonrió y la vio salir corriendo de la oficina.
Rápidamente volvió la mirada a las fichas que debía llenar y comenzó a escribir. Fue terminando algunas líneas y decidió revisar
- Bien, veamos…Información del alumno…lista…Información de los padres… ¿de los padres? – se sintió incomoda nuevamente, al leer esa parte de la ficha y por un instante sus ojos se empaparon. Lo pensó por un segundo y sin darse cuenta tomo la decisión equivocada y decidió llenar la ficha. Termino con todos los papeles y se los entrego a Margaret. Ésta busco una gran bolsa con el escudo de la academia que estaba junto a su a escritorio y se lo entrego a la chica.
- Es el uniforme de invierno y verano junto con el equipo deportivo. Procura cuidarlo mucho y llevarlo con honor. – la pelirroja tomo la bolsa y sonrió a la señora. Se despidió y salió de la oficina y del salón de trámites. Camino hacia las escaleras que había visto en la entrada. Al llegar allí, se sentó en el suelo contra la pared doblando las rodillas contra su cuerpo y dejando a un costado la bolsa. Se quedo observando cómo los estudiantes pasaban, todos los chicos caminaban galantemente y las chicas parecía que danzaban al caminar, se sintió rara entre ellos, se sintió como el patito feo de la historia, como la campesina entre la realeza y más lo sintió cuando las chicas la señalaban criticando que estuviera sentada en el piso. Aun así lo pensó dos veces, y llego a la conclusión de que no iba a dejar que Inglaterra y toda su gente de la realeza cambiara su forma de ser, así que miro a las chicas que la señalaban y les insinuó con una mirada bastante enojada que si no dejaban de mirarlas, la extranjera, las mordería, instantáneamente las damas muy elegantemente se retiraron excepto una que sostuvo una mirada burlona hacia la pelirroja. La chica tenía un pelo largo hasta la cintura, rubio muy claro, era bastante alta y tenía unos llamativos ojos celestes. Se acerco a donde Jeanne estaba sentada y aun mirándola saco una moneda de su bolsillo y la tiró junto a la chica.
- Ahí tienes, para que hoy puedas comer. – dijo burlonamente la rubia. Jeanne se quedó pasmada al ver lo que había hecho, tomo la moneda y se levanto del suelo. Miro ferozmente a la chica que aun se mantenía firme frente a ella.
- Muchas gracias, me va a servir para juntar dinero y comprarte un cerebro.
- ¿Qué dijiste?
- Que no te hice nada y tu ya me estas molestando.
- Por la Reina, ¡que vulgar que eres!, ¡Como te diriges así a mí! ¿Sabes con quien hablas, pobretona? – la rubia empezaba a molestarse y Jeanne la miro de arriba a abajo.
- Por lo que veo, con una lagartija rubia. – sonrió y quiso terminar el pleito yéndose por el costado, pero la chica la tomo del brazo.
- Suéltame lagartija. – la pelirroja la miro fieramente.
- No, primero te vas a dirigir a mí con respeto, soy hija del primo de la reina, soy parte de la realeza, a mi no me vas a hablar como quieres y tan vulgarmente. Mi nombre es…
- …Catherine Leith, si, con ella vas a compartir habitación Jeanne. – Rose apareció hablando pero muy compenetrada en su planilla. Levanto la mirada de ésta y corrió a separar a las dos chicas. – ¿Pero qué sucedió aquí?, ¿Otra vez peleando con una chica nueva, Cathy?
- Rose…Ya, sabes que ellas me molestan a mi por ser tan bella… - Catherine soltó el brazo de Jeanne.
- Ya quisieras – murmuro por lo bajo la pelirroja.
- ¿Qué dijiste pobretona?
- Ya Catherine, te conozco, basta. – Rose miro severamente a la rubia y ésta giro la mirada y se cruzo de brazos. – Hasta el momento estuviste sola en tu habitación Cathy, y como bien sabes allí pueden estar dos personas, así que espero que no le causes problemas a Jeanne y la recibas bien.
- ¡¿Qué?! – dijeron Jeanne y Catherine a la vez girándose a mirar a Rose. - ¡¿Con ella?! – nuevamente ambas hablaron a la vez.
- ¿Estas bromeando no, Rose? – preguntó Cathy.
- Para nada – la delegada sonrió y tomo la bolsa que seguía en el suelo.
- Vamos, te acompañare a tu cuarto, no sea que la dama de la realeza te tire por una ventana en el trayecto. – dijo Rose y se empezó a reír. Catherine volteó la mirada bastante molesta y salió por la puerta principal. Mientras tanto, Rose, tomo la mano de Jeanne y camino hacia el pasillo que se encontraba justo al costado de esa puerta. Tomó el camino izquierdo y siguieron derecho por allí pasando por varias puertas de lo que parecían salones hasta doblar a la izquierda nuevamente, allí siguieron un poco más y salieron del edificio, pasaron entre dos aulas separadas de la construcción principal, parecían aulas pero fuera del castillo. Pasaron por un pasillo entre ellas y se encontraron con una gran fuente de agua.
- Aquí es el patio interior del castillo, lo que viste recién eran las aulas interinas, aulas para los clubes y las actividades extras. Por alguna extraña razón del arquitecto, se construyeron totalmente separadas del edificio principal rodeando el patio interior. Los edificios que se levantan aquí a los costados – dijo Rose señalando dos edificios que ocupaban buena parte del patio y se encontraban con sus puertas frente a la fuente, pero a una distancia bastante amplia de ella. – Son los comedores, aquí tomamos todas las comidas del día. Uno es para alumnos de la Universidad y el otro para los de Secundaria, ese es el nuestro – Señalo el del lado derecho.- Cada edificio tiene cuatro pisos y cada uno es bastante amplio, eso hace que la estancia aquí resulte cómoda aunque seamos tantos alumnos.
Jeanne observo cada cosa que Rose le mostraba, pero se detuvo con la mirada en la fuente. Hechizada por alguna extraña sensación se acerco a tocar su borde. Este reflejaba el paso del tiempo, estaba hecha de piedra, ya bastante gastada y en partes rota, pero aún así hermosa con una pequeña estatua de una figura griega que dejaba caer agua de su jarrón. Jeanne toco el agua y sintió como si cientos de años se borraran y ella volviera atrás. A su mente se vino un sentimiento de deja vu y vio pasar una imagen de una extraña dama envuelta en una sombra negra tocando el agua de esa misma fuente. Retiro la mano del agua y retrocedió asustada rápidamente. Rose noto como Jeanne se había puesto pálida y la cara de miedo que ahora tenía.
- ¿Estás bien?, ¿Sucede algo? – dijo apresurándose a tomarla de los brazos desde atrás.
- No, no te preocupes, está bien. – Jeanne se calmo y sacudió un poco la cabeza para aclarar las ideas. – Sigamos por favor.
- Bien, como desees. – Rose sonrió y comenzó a caminar por el costado de la fuente y luego derecho hacia una abertura que había en la continuación del edificio principal. – Por aquí.

En los bosques de la Academia, a la vez que Jeanne conocía el lugar, había alguien que bajo la lluvia parecía charlar con otra persona sobre un importante asunto.
- Ella ha llegado, ¿Es a ella a quien has estado esperando?
- Si, por tantos años solo la he esperado a ella… - respondió una suave voz que de ser un poco más baja seria casi inaudible.
- ¿Ella evitara que te vayas?
- No, ella me ayudara a irme. – nuevamente la voz era muy baja y lo único que se distinguía desde donde provenía era un brillo plateado muy pequeño. – Ella es la doncella que revivirá antiguos sentimientos y yo estaré dispuesta a ayudarla si así fuera necesario y si no me lo impiden, claro esta. Si logro ayudarla, no solo lograra su cometido, sino que también me ayudara a irme de aquí.
- Me pone triste pensar en que te irás, pero si sientes que es lo mejor para ti… - el chico tenia ojos verdes claros y en la oscuridad era imposible distinguir alguna otra de sus facciones, solo sus ojos eran posibles de ver gracias a un pequeño destello de luz que ingresaba entre los árboles. – ¿No crees que es un hermoso día?, la lluvia siempre limpia todo y nos ayuda a empezar con algo nuevo.
- Pero la lluvia también puede acarrear tristeza, dolor y sentimientos desconocidos, ¿no crees?
- Puede ser, pero al parecer, hoy nos trajo a la doncella y nos está preparando para algo nuevo. Por cierto, ¿cuál es su misión aquí?
- No puedo decírtelo. Por ahora solo siente la lluvia en tu rostro y prepárate, tu también serás parte de ello.
- No pareces dispuesta a decirme nada, así que te hare caso y por el momento me retirare.- el chico se levanto y comenzó a caminar a través de los arboles aunque se detuvo por un segundo. – Sin embargo, no prometo dejarte ir sin que al menos me digas quien eres, hace mucho que vengo yo aquí a contarte sobre mí, pero tú, te niegas a hablar sobre ti. ¿No crees que sea cruel de tu parte?
- La crueldad no es algo que yo sepa manipular, solo reservo mi identidad. Al igual que en este día no podemos acertar que la lluvia sea del todo buena o del todo mala, tampoco podrás resolver nada sobre mi si te contara quien soy, no eres quien lo debe hacer, estoy esperando al elegido para ello. Ten confianza, en que algún día, quizás también en un día lluvioso y húmedo como este, puedas saber sobre mí. Por ahora, caballero, espera pacientemente, hazme compañía si aún así lo deseas y yo te escuchare como lo hecho por dos años sin presentar ningún problema.
- Bah. – Algo molesto, el chico siguió camino y salió del bosque rumbo al castillo, sabía que pasaría algo interesante en los próximos días y quería saber más sobre ello, su hambre de conocimiento no era saciada, solo era más y más provocada.
Estaba llegando a la residencia masculina y observo a la chica que estaba por entrar en el edificio de al lado. ¿Ella cambiaria todo? ¿Cómo lo haría? ¿Por qué? ¿Qué tenia de especial? Esperaba que quizás la tormenta que parecían traer las nubes grises del cielo se lo contaran y así al menos aliviar un poco su curiosidad.
La llovizna parecía aumentar y comenzar a convertirse en lluvia. Jeanne levanto la vista al cielo gris que la cubría y rogo que pudiera seguir adelante. Bajo la mirada y siguió a Rose hasta entrar a la residencia femenina que se encontraba saliendo del edificio principal y cruzando un pequeño jardín. Se adentro allí, esperando que esa, su nueva casa, sea un lugar donde poder pasar buenos momentos y así dejar atrás el sufrimiento. Una vez más se repitió a sí misma el ruego que le había extendido al cielo.
- Lluvia, llévate los recuerdos que no quiero guardar y deja lugar a los buenos momentos.
Pero a Jeanne no le esperaba un camino fácil, su camino iba a ser difícil, lleno de piedras y tropiezos. Sin embargo, había una persona que estaba deseosa de que lo superara y esperaría por toda la eternidad si era necesario para lograr llegar a la meta, para que su misión se complete, para tener, otra oportunidad.


20100104

Aión: Primer Capítulo.


Capítulo 1.
Primeros vientos de la tormenta:
La llegada de la doncella.


Todos los medios periodísticos cubrieron la tragedia de ese día.
Una chica desesperada gritaba y lloraba, luchando por acercarse entre la gente hacia el vallado que había en medio de la ruta por el accidente.
- Dos autos colisionaron en la ruta por la falta de conciencia al volante por parte de los jóvenes. – Repetía sin parar la periodista del canal televisivo local. – Sabemos que en uno de los autos iba un matrimonio, un político renombrado y una artista francesa, y en el otro se encontraban tres chicos, tres adolescentes, que volvían de una fiesta. El conductor de este auto estaba bajos los efectos del alcohol, no supo controlar la velocidad en el asfalto mojado y choco de frente con el auto de la pareja. Por lo que nos relatan los bomberos, ambos autos han quedado totalmente destruidos y consumidos por el fuego y lamentamos informar que no ha habido sobrevivientes, es una lamentable tragedia para todo Chicago. Esperamos que si la pareja tenía hijos, que ellos puedan salir adelante al igual que las familias de los tres chicos. La inconsciencia se ha ganado cinco nuevas víctimas la noche de hoy.
Detrás de la periodista se observaba como la desesperada chica llegaba corriendo junto a la puerta de la ambulancia que ahora cargaba con las dos camillas que con largas telas cubrían de extremo a extremo los cuerpos, por detrás de ella un chico un poco más alto la tomo de los brazos y la giro para abrazarla contra su pecho. En ese momento alguien apago la televisión.
- Te dije que no miraras televisión Jeanne, ¿Acaso no te alcanza con el sufrimiento que ya tienes? – Un chico alto, de pelo castaño oscuro que le llegaba por los hombros y ojos marrones claros, vestía un traje negro y se colocaba frente al televisor, por ende frente a la cama de su hermana, para lograr que de una vez por todas ella se levantara y se vistiera.
- No quiero hacerlo. – Con los ojos hinchados de tanto estar llorando, la chica se tapo con la frazada su cara y se acostó nuevamente.
- Que te levantes niñita, sino voy a decirle a mamá que… - de repente el chico que había subido el tono enmudeció por el efecto de sus propias palabras y su ya entristecida cara se deprimió por completo – Vamos Jeanne, no hagas esto más difícil de lo que es, a mi también me duele haber perdido a mis padres, no seas egoísta…por favor, ponte el vestido y vamos que ya nos van a pasar a buscar los abuelos. – el chico tomo el vestido negro que se encontraba en la silla junto al televisor y lo arrojo sobre la cama para luego salir de la habitación.
Jeanne que se encontraba aún llorando se destapo, seco las lagrimas que tenia en su rostro y se sentó en el borde de la cama. Se encontraba en pijama todavía, tenia un largo cabello pelirrojo que se encontraba algo desalineado, su piel era muy clara y tenía los mismos ojos que el chico que acababa de salir de la habitación. Puso los pies en la alfombra que cubría todo el piso de su habitación y se paro, eso de por si ya costaba bastante. No era demasiado alta, debía de estar midiendo casi un metro sesenta y siete, era una estatura media pero a su vez era bastante flaca para su edad. Rápidamente se quito el pijama y se puso el vestido negro para luego calzarse las zapatillas del mismo color, no se pondría zapatos de taco ni por esa ocasión, la cual creía completamente innecesaria, ella solo quería quedarse refugiada bajo las sabanas de su cama. Recogió su largo pelo hacia atrás y lo ato rápidamente con una colita, lo cual, a pesar de la rapidez, le quedo muy bien. Peino con sus dedos el flequillo que le caía sobre la cara y éste quedo perfecto. Se miro a un espejo que tenía al costado de la cama y notó que tenía los ojos demasiado hinchados y unas ojeras completamente violetas, lo que hacia que pareciera un vampiro gracias a su tez tan blanca, pero no le importo. Se termino de acomodar un mechón rojizo y salió a paso apresurado de su habitación en dirección al funeral de sus padres, sin saber, que la tragedia que había vivido, cambiaria por completo su vida y que todo aquello que parecía una pesadilla en realidad era su primer desafío.

Un mes después.

- Vamos querida, apresurate, sino vamos a perder el avión. Tu también apúrate Jack.
- Si abuela, estamos yendo. – Dijo Jeanne que junto a su hermano bajaban sus valijas por las escaleras.
- ¿Tanto apuro podía tener?, recuerdame porque nos vamos con nuestros abuelos paternos a los cuales vimos dos veces en toda nuestra vida, por favor. – Dijo Jack ya molesto de que lo apuraran tanto.
- Porque el padre de mamá murió y nuestra abuela esta en Francia, donde nos seria aún más difícil adaptarnos, por eso, nos estamos yendo a Gran Bretaña.
Estaban a punto de irse de Chicago y si bien no les gustaba nada la idea, no quedaba otra posibilidad. Los únicos familiares que podían hacerse cargo de ellos eran sus abuelos paternos que vivían en Somerset, Inglaterra, así que en pocas horas se encontrarían allí, con gente totalmente desconocida, en una vida completamente nueva y en un lugar que poco les llamaba la atención.
- Odio esto…- dijo la chica por lo bajo.
- Yo también, ¡pero animo!, Quizás algún ingles si sepa soportar ese mal humor mañanero que ningún estadounidense podría soportar – Jack se reía y huía del golpe de Jeanne a paso apresurado.
Finalmente cargaron todas sus cosas al auto de su abuelo, partieron al aeropuerto y de allí un vuelo directo los llevaría al condado ingles donde sus abuelo vivian.
Al llegar a tierras inglesas, siendo mas precisos, a Cheddar, un pueblo situado junto a Mendip Hills, Jeanne ya quería volver a su país de origen, pero como no le era posible, no le quedo otra cosa que hacer que intentar acomodarse en su nueva habitación.
En pocos días sus abuelos les hicieron conocer los alrededores del lugar. La casa podía decirse que era bastante lujosa, más de lo que los chicos esperaban. Se accedía a ella a través de un camino sinuoso escondido por altos y frondosos arboles, contaba con dos pisos y su construcción parecía antigua, como de hacia dos siglos atras. Era enorme, era practicamente una mansión. Cuando preguntaron a su abuelo de que año databa la construcción de la casa, este respondió que solía ser una casa de verano del duque de Somerset de hacia dos o tres generaciones atras, el duque era amigo de la familia del abuelo, así que un buen día se las termino obsequiando. Eso explicaba perfectamente el pequeño lago en la parte de atrás de la casa y las veinte habitaciones con las que contaba el casi complejo turístico. Junto al lago lindaba un bosque, que de noche no hacia más que dar miedo y de día seguía siendo oscuro y espeluznante, nunca quisieron atreverse a entrar allí ni siquiera con el pasar de los años. La abuela les había contado que el tiempo en ese país era completamente inestable, que nunca se sabia que podría pasar en un solo día, solo sabían que siempre debían tener a la mano un paraguas, ya que las lluvias eran frecuentes durante el invierno, a parte de que la temperatura era muy ruda y siempre tocaba puntos muy bajos, por eso la casa siempre tenia la calefacción encendida en todos sus rincones. Después de todo, no estaba tan mal.
Los chicos habían llegado a estas tierras el veinte de enero, y lentamente paso un mes en que lograron adaptarse y conocer más el lugar. Claro, no todo era color de rosa, aún Jeanne no lograba superar del todo lo de sus padres, Jack quizás, solo se hacia el fuerte frente a su hermana.
Estando a mediados de febrero y estando tan cercano marzo debían comenzar a planificar que harían los dos hermanos, entre ello, a que escuela asistirían. Cuando estaban en Chicago, ambos asistían a una secundaria en donde todas las orientaciones eran dirigidas al arte y la música. Jeanne había terminado el primer año con 15 años y Jack el segundo con 17 años. La tragedia había ocurrido durante el receso, el día treinta del mes de diciembre, así que al viajar a Inglaterra, donde ellos también se encontraban en receso escolar, no habría problema para comenzar el nuevo año.
- ¿Ya vieron alguna escuela que les interese chicos? – pregunto un día Margaret, su abuela, durante el almuerzo.
- No, aun no. – contesto Jeanne mientras movía la comida en el plato con el tenedor inspeccionando que era aquello que le habían servido, aún no se acostumbraba a la comida rara que a veces la abuela les servía.
- Yo conozco una, allí asistió un tiempo su padre saben…Y es un colegio hermoso, yo creo que les va a gustar… - dijo de repente el abuelo.
- ¿Hablas de la academia Yorkshire, querido? – le pregunto Margaret mientras servía su plato y el de su esposo en la cocina.
- ¿De la que papá tanto solía hablar? – los ojos de Jack de repente brillaron. - ¿Queda muy lejos de aquí?, ¡Me encantaría conocerla!
- Oh si, claro, ¡viva!, a mí también. – dijo Jeanne por lo bajo e irónicamente a lo que Jack le revolvió el pelo. Enojada, giro la mirada a su hermano y se levanto de la mesa tirando el tenedor que tenia en su mano. – ¡Ya deja de fingir tanta felicidad cuando realmente no la tienes! – Jack se quedo boquiabierto y de pronto su mirada se torno triste y caída. – Perdón – dijo la pelirroja y subió las escaleras rápidamente rumbo a su cuarto abandonando la comida en la mesa. Los abuelos se miraron y sonrieron con ternura.
- Disculpen…saben como es Jeanne, le esta costando mucho todo esto.
- No te preocupes, Jack, la entendemos, pero mañana emprenderemos viaje a Dunster, dejanos hablar con ella luego.
Al otro día, Jack y sus abuelos partieron a la academia de la que tanto se hablaba, Jeanne se negó a ir, se quedo en la casa leyendo algunos libros que había traído de su tierra natal.
Cuando volvió, Jack estaba loco de entusiasmo y felicidad, subió velozmente las escaleras y se dirigió al cuarto de su hermana. Le contó algunos detalles a lo que Jeanne fingió escucharlo hasta que…
- …ya nos inscribí a ambos, ¡te va a encantar! – Jeanne escupió el jugo que en ese momento estaba tomando y la cama quedo regada del delicioso zumo extraño de la abuela.
- ¡Estas loco! ¿Qué hiciste que cosa?, ¿Sin mi consentimiento?
- Yo te ofrecí conocerla, vos te negaste. No es problema mío, los abuelos estuvieron de acuerdo y nos inscribieron a ambos, las clases comienzan en Marzo y la academia es residencial, nos quedaremos a vivir allí en lo que duran las clases, en vacaciones volveremos con los abuelos…Si no te gusta, allá vos.
- Te odio Jack.
- ¡Ódiame que me encanta hermanita! – dijo Jack mientras se reía.
- Sos un idiota… - dijo Jeanne y comenzó a tirarle almohadas, peluches, libros y demás cosas que tenía cerca para que el chico se fuera de la habitación. El salio corriendo de allí, pero detrás llegó su abuelo que no podía mas que reír. Su abuelo era comprensivo y agradable. Le había heredado su mismo nombre al padre de ella, y con el, muchos parecidos por eso Jeanne a veces se ponía un poco melancólica cada vez que observaba con detenimiento a su abuelo.Éste se sento al borde de la cama de la chica que aún mostraba un ceño fruncido por las acciones deliberadas de su hermano.
- ¿Sabes?, Tu padre mostró el mismo ceño fruncido cuando con tu abuela le dijimos que lo habíamos inscripto en Yorkshire, no le gustaba la idea de que la academia sea residencial, así que protesto todo lo que pudo. William era un amante de la política desde pequeño, pero cuando fue adolescente recordó su aficción por la música, así que decidió hacer la secundaria orientada a eso, la música, como tu. Bueno, es otra parte de la historia que al terminar la secundaria decidió seguir la carrera de abogacia y que ello lo llevaría a ser un embajador por su país, pero primero quería ser músico, oh si, claro que quería – dijo entre risas el abuelo – Cuando el regreso a la casa, luego del primer trimestre, para pasar las vacaciones aquí, nos contó todo acerca de aquel histórico castillo convertido en academia. Estaba hechizado por ese lugar, por el momento, la academia era el amor de su vida y no tuvo una sola queja. “No debe de ser tan malo entonces”, pensé, yo que simplemente había tenido un tutor en mi casa de pequeño, pero cuando terminaron las vacaciones y lo acompañe de regreso, ¡también quede enamorado de ese lugar!. Lo que quiero decir con todo esto preciosa, es que debes darle una oportunidad a esa escuela, si no te gusta, con tu abuela estaremos dispuestos a buscar un lugar mejor para tu enseñanza en Londres. – tiernamente el abuelo sonrió al terminar sus palabras. Jeanne ahora se sentia un poco mejor, quizas por saber que la reacción de su padre habria sido identica y también un poco, porque sentia que de algún modo era su padre el que le estaba relatando todo eso.
- Gracias abuelo, lo tendre en cuenta entonces. – la pelirroja sonrio y era la primera vez en todo ese tiempo que William veía que la chica parecia al menos un poco más alegre, así que el también se alegro.
Los días pasaron volando, Marzo llego y con él el otoño, y eso en Somerset significaba aún más lluvias.
Llego el día en que finalmente iban a comenzar sus estudios en la famosa academia de arte y música de Inglaterra. Ambos chicos fueron acompañados por sus abuelos a la estación de tren de Cheddar, desde donde salia un tren directo a Dunster, lugar a donde se dirigían. Al llegar a dicho pueblo se alojarían dos días en un hotel hasta el dieciséis de marzo, día en que comenzarían las clases.
Cuando llegaron a la estación llovía torrencialmente, en medio de tal chapuzón se despidieron de sus abuelos y subieron con su equipaje al tren. Al llegar a Dunster no había parado de llover ni había cambiado en nada el clima, corrieron rápidamente a donde se suponía que quedaba el hotel, pero les llevo un rato encontrar el lugar correcto entre la lluvia, el barro y los pocos edificios que se encontraban en lo que parecía un pueblo medieval que no había sido modernizado para nada. Finalmente encontraron el pequeño hotel y de allí no pudieron salir para nada durante los días de alojamiento, claro, gracias a la lluvia. Tampoco pudieron ir a retirar sus uniformes antes de comenzar las clases, así que tendrían que llegar allí el primer día y cambiarse en la academia.
Por fin llego el primer día de clases, el día que conocerían a sus compañeros y el lugar en el que pasarían unos cuantos años viviendo.
Sin embargo, aunque Jeanne y Jack posteriormente pudieran alegar alguna molestia en el lugar, terminarian comprendiendo que era su destino llegar allí y que solo ellos podían ser quienes den comienzo a unos de los conciertos más esperados por toda la historia, un concierto que ya había tocado sus primeras notas una vez en una tormenta de otoño en Somerset algunos siglos atrás.


Cheddar, Somerset, Inglaterra.

Corregido y versión final ~

20091229

Aión: Preludio.

Aión: Storm of Chronos.
Preludio a la tormenta.


Un muchacho que se abre camino entre la multitud con su fiera mirada, se dirige a clases. En la academia a cual concurre, la chica encargada de su salón se enfrenta al director en una encrucijada ideológica. Un poco más al este, en el mismo lugar, un par de chicos en la oscuridad de un salón tocan con gran destreza el piano y el violín evocando a Bach. Una chica solitaria, impulsada por los seductores sonidos, camina por el pasillo del piso de arriba atrapando los cotilleos de la mayoría de sus compañeros varones. Frente a está última se acercaba un grupo de chicas que charlaban entretenidamente acerca de las últimas novedades que la que parecía ser la líder del grupo les contaba. A su vez, un chico acomodaba tranquilamente sus libros de teatro en su casillero. Pero en la entrada del lugar, una antigua dama de cabellos color fuego esta por entrar para despertar los secretos escondidos de cada uno de estos chicos. ¿Qué podrían tener en común ellos?...los susurros traídos en el viento de esta tormenta nos lo contara.